• 8 9 • la pobreza y la democratización de la economía, y permita la reorientación de nuestros modos de producción hacia la satisfacción de necesidades en vez de la acumulación desmedida de riquezas. La búsqueda de alternativas económicas es fundamental para la transformación de la realidad, no solo por sus implicaciones para el bienestar social, sino también por la sostenibilidad de los delicados equilibrios ecológicos de nuestro planeta. Diversas fuentes científicas coinciden en que nuestra casa común experimenta hoy su sexta extinción masiva de especies; la primera impulsada por la actividad humana. Mientras tanto, el calentamiento global superó en 2024 la barrera límite impuesta por el Acuerdo de París de 1.5 grados Celsius, rompiendo récord como el año más caluroso desde que se tiene registro. Además, de acuerdo con estudios de la UNAM, el ritmo de calentamiento en México es aproximadamente 50% superior al ritmo global. Los cambios climáticos que el mundo ha experimentado conviven trágicamente con la imposibilidad de transformar de manera inmediata los ciclos de producción, consumo y desecho que destruyen nuestro planeta. Las sequías, lluvias torrenciales y demás fenómenos meteorológicos extremos que hemos padecido como humanidad han sido insuficientes para transformar de fondo una conciencia colectiva que nos anime a imaginar otros mundos posibles en armonía con la Creación y toda la vida que ella sostiene. Ante un mundo y civilización que parecen navegar irremediablemente hacia el colapso, es imprescindible sostener y renovar una ética esperanzadora frente a una incertidumbre que mantiene a nuestras generaciones, especialmente a las juventudes, sin horizontes claros de futuro, condenándolos, en ocasiones, a la superficialidad de la inmediatez y a la búsqueda infructuosa de falsas certezas. Estas búsquedas han sido capitalizadas por nuevos totalitarismos de derecha y de izquierda en todo el mundo, donde viejos fundamentalismos han seducido a las juventudes con respuestas falaces que pretenden adjudicar el fracaso del modelo vigente de desarrollo a los opositores y a la agenda de derechos humanos. El populismo punitivista, las políticas antimigratorias y las preocupantes expresiones de poder patriarcal amenazan con retornar a la ideología de la dominación, poniendo en entredicho avances cruciales obtenidos en décadas recientes para la inclusión y la igualdad de todas las personas, así como el fortalecimiento de nuestras instituciones democráticas de rendición de cuentas. El debilitamiento institucional del Estado de derecho es motivo de especial preocupación en México y América Latina. El espectro ideológico tradicional de carácter bipolar es insuficiente para explicar las tendencias antidemocráticas que en nuestra región han minado los pesos y contrapesos políticos garantes de la viabilidad de nuestras instituciones. Además, la promoción y protección de derechos humanos fundamentales se encuentra en uno de sus momentos más complejos por dos motivos principales: el debilitamiento internacional de las capacidades de incidencia política de la sociedad civil, y las tendencias regresivas de los aparatos del Estado en materias como la seguridad ciudadana, el acceso a la justicia, la libertad de expresión, la transparencia y el acceso a la información, entre otros derechos. La calidad democrática de nuestra región se ve minada, además, por los altos índices de violencia macrocriminal que cada vez dominan más territorios en contubernio con los poderes político y privado. En México, a pesar de que los homicidios han disminuido de manera sostenida en los últimos años, las cifras de desaparición han aumentado de forma preocupante. Más de 130 mil personas siguen sin regresar a sus hogares, y decenas de miles de familias buscan a sus seres queridos con recursos propios. Se trata de una de las principales tragedias que configuran el clima de violencia generalizada en el país desde hace por lo menos dos décadas. Educar para la esperanza en un contexto marcado por estas notas no es labor fácil, pero la Universidad Iberoamericana Puebla sostiene con valentía su misión de anunciar la buena noticia del Evangelio en tiempos de exclusión, discriminación, violencias y regresión en materia de derechos humanos. Hoy más que nunca necesitamos de una Universidad firme en favor de la dignidad de las personas y de nuestra casa común, pero al mismo tiempo una universidad prudente y pertinente para encaminar sus esfuerzos en las acciones verdaderamente más eficaces para la transformación de nuestro contexto social. Lo que corresponde es encargarnos universitariamente de la realidad como sugería Ignacio Ellacuría, apuntalando nuestra labor intelectual como herramienta de trabajo para remover y posibilitar que las semillas arrojadas germinen. La búsqueda de alternativas económicas es fundamental para la transformación de la realidad, no solo por sus implicaciones para el bienestar social, sino también por la sostenibilidad de los delicados equilibrios ecológicos de nuestro planeta. La promoción y protección de derechos humanos fundamentales se encuentra en uno de sus momentos más complejos por dos motivos principales: el debilitamiento internacional de las capacidades de incidencia política de la sociedad civil, y las tendencias regresivas de los aparatos del Estado.
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