• 6 7 • Contexto Al inicio de mi rectorado, recibí 21 recomendaciones emanadas de la Junta de Gobierno y 8 líneas fundamentales a atender por parte del Padre Provincial, mismas que me permití sintetizar en 11 puntos prioritarios que guiarían las apuestas institucionales de la Universidad. Con motivo de mi toma de protesta, decidí sintetizar estos puntos en una consigna concreta: “poner todo mi empeño, mi intelecto y mi entusiasmo en integrar y motivar equipos de trabajo en los que podamos potenciar los talentos de cada persona y, desde allí, impulsar una Comunidad al servicio de los demás”. La tradición educativa de la Compañía de Jesús convoca a depositar la grandeza de la misión en el servicio a los demás. Educar es un acto profundamente liberador porque permite afianzar capacidades para hacernos cargo de nuestra realidad. El camino de la educación es, por ende, un camino profundo de humanización, donde la persona se construye a la par que descubre, construye y transforma su entorno. Nuestro entorno, sin embargo, se nos presenta cada vez más desafiante y complejo, exigiendo de nuestra vocación educativa una muy alta capacidad para la innovación, la creatividad, la colaboración interdisciplinar y el compromiso académico para la incidencia social. En un mundo tan globalizado y acelerado, las problemáticas locales se constituyen cada vez más como expresión de las grandes contradicciones que distinguen a nuestra realidad histórica y global. La complejidad añadida de esta interrelación entre lo local y lo global nos obliga a realizar análisis mucho más rigorosos, pero también a pensar en soluciones locales, evitando caer en la trama inmovilizadora de la impotencia. La IBERO Puebla asume su rol como un agente activo de la realidad, que coloca la excelencia académica como condición de posibilidad para incidir en la solución de problemáticas locales y regionales, construyendo mejores condiciones para la vida digna. Esta labor es particularmente importante cuando reconocemos que las contradicciones de nuestro sistema de producción y reproducción de la vida social son cada vez más álgidas y menos sostenibles en el tiempo. Sin duda, la principal expresión contradictoria de nuestra época es la desigualdad. América Latina posee el vergonzoso título de ser la región más desigual del mundo. En México, el 1% más rico de la población posee el 40% de la riqueza privada nacional y es responsable del 23% de las emisiones contaminantes, de acuerdo con la última publicación de Oxfam México. Tan sólo en los últimos cinco años, los contados milmillonarios mexicanos duplicaron su riqueza. A la par, 18.8 millones de personas en nuestro país no tienen acceso pleno a una alimentación nutritiva y de calidad, 38.5 millones de personas permanecen por debajo de la línea de bienestar y 21 millones de mujeres dedican por lo menos una jornada completa de trabajo a cuidados no remunerados. Nuestro sistema económico global no sólo ha demostrado ser incapaz de reducir la brecha de desigualdad, sino que las acrecienta con incentivos cada vez mayores para la concentración de riquezas y políticas gubernamentales regresivas en términos de redistribución del ingreso. Es cierto, sin embargo, que la política social en México ha coadyuvado a la reducción de la pobreza, pero esta disminución sólo será sostenible en el tiempo si viene acompañada de un rediseño estructural y fiscal que, además de garantizar la prosperidad económica y el estado de derecho, brinde condiciones para la disminución de La tradición educativa de la Compañía de Jesús convoca a depositar la grandeza de la misión en el servicio a los demás. Educar es un acto profundamente liberador porque permite afianzar capacidades para hacernos cargo de nuestra realidad. La IBERO Puebla asume su rol como un agente activo de la realidad, que coloca la excelencia académica como condición de posibilidad para incidir en la solución de problemáticas locales y regionales, construyendo mejores condiciones para la vida digna. 13er aniversario de Casa IBERO Segundo Montes, SJ.
RkJQdWJsaXNoZXIy MTY4MjU3