Rúbricas 12

Rúbricas XII Literatura y Filosofía y su relación con otras disciplinas 67 su obra es la mención acerca del tlamantini (en plural tlamantinime) que literalmente se refiere a “el que sabe las cosas” y que es reconocido como filósofo porque, a decir de León-Portilla: “Sahagun en una nota al margen del fol. 118 r., del Códice Matritense de la Real Academia, AP I, 8, tradujo esta palabra por las de ‘sabio o philosopho’” (León-Portilla, 1993: 391). De esta manera, el reconocimiento de los filósofos y de la existencia de cuestionamientos característicos de la filosofía en la comunidad náhuatl plantea la impugnación, y la politicidad del concepto no sólo para poder etiquetarse como Filosofía náhuatl, sino para que el pensamiento náhuatl, o de cualquier otra región, cultura, lengua, condición histórica, etc., sea reconocido por las características propias de su pensamiento y no en comparación con el canon filosófico. La impugnación al concepto filosofía no consiste solamente en exigir que ciertos saberes no occidentales sean legitimados como filosóficos, ni en mostrar que existe un saber filosófico en las culturas mencionadas, pues esto ha sido mostrado y argumentado por ejemplo por Placide Tempels (La filosofía bantú), Estermann (Filosofía Andina) y León-Portilla (Filosofía Náhuatl: Estudiada en sus fuentes), entre otros. La demanda es otra: dado que una sola cultura ha logrado acaparar en forma exclusiva un fenómeno tan esencialmente humano como lo es la filosofía, la impugnación tiene como objetivo quitar la exclusividad de tal fenómeno a la monocultura occidental, es decir, impugnar el carácter totalizante de la filosofía occidental y exigir reconocimiento. Volviendo a Koselleck, o interpretando los hallazgos de León-Portilla y las demandas de Estermann en clave de la teoría de los estratos del tiempo, podemos decir que a partir de la segunda mitad del siglo XX el concepto filosofía adquiere una nueva politicidad, que se suma a las muchas impugnaciones que se le han hecho al concepto a lo largo de aproximadamente 2700 años, lo que ha generado un nuevo estrato de tiempo. En este estrato, marcado por las emergentes prácticas cognitivas de las minorías, se puede observar que el concepto filosofía ha gozado de un mínimo de estabilidad semántica que le ha permitido ser objeto de disputas políticas en torno a su definición y, por lo tanto, a los temas del quehacer filosófico mismo. Es mediante estas disputas políticas que se busca el reconocimiento de los saberes no occidentales como filosóficos. Con esto se logra quitarle la exclusividad a la cultura occidental-europea de la actividad filosófica propia del género humano. Así, lo que dejan ver tales disputas es que existe una dominación que se ejerce sobre la dimensión cultural y epistémica mediante la autolegitimación de lo filosófico basado en el argumento del linaje griego. Tal argumento se ha mostrado débil porque lo importante en la semántica de la filosofía es el contenido del pensamiento filosófico, y como se ha visto en uno de los muchos ejemplos que documenta León-Portilla en el caso náhuatl, y Estermann para el caso andino, las condiciones para que un saber se caracterice como filosófico no depende de tener un linaje griego sino de cumplir con un conjunto de criterios que se evidencian en el tipo de preguntas formuladas, y una cierta capacidad para argumentar sus respuestas, las cuales contienen los casos aquí propuestos. Sin embargo, la pregunta nos vuelve a salir al paso: ¿por qué los saberes no occidentales se querrían legitimar como saber filosófico? Proponemos una posible respuesta: dado que el discurso filosófico moderno es compatible y funcional a la modernidad capitalista, sería incongruente pensar que los saberes no occidentales quieran participar de dicho discurso filosófico porque fue el proyecto de la modernidad el que marginó a los saberes no occidentales; sin embargo, la modernidad es el discurso dominante y estar fuera de éste significa estar en el campo político moderno como simple espectador de las consecuencias de la crisis civilizatoria, sin ninguna capacidad de respuesta ni de resistencia. Por lo tanto, la búsqueda de reconocimiento es la estrategia de resistencia de estos saberes. Bibliografía Abellán, J. (2007). “En torno al objeto de la ‘Historia de los conceptos’ de Reihart Koselleck”. En E. Bocardo (Ed.). El giro contextual. Cinco ensayos de Quentin Skinner y seis comentarios. Madrid: Tecnos. Derrida, J., & C. González Marín. (2010). Márgenes de la filosofía. Madrid: Cátedra. Descartes, R. (1987). Los principios de la filosofía. México: Universidad Nacional Autónoma de México. Estermann, J. (2006). Filosofía andina: sabiduría indígena para un mundo nuevo (2da. ed. (reimp.). La Paz, Bolivia: Instituto Superior Ecuménico Andino de Teología (ISEAT). Koselleck, R. (1967). Richtlinien für das lexikon politisch-sozialer begriffe der neuzeit. Archiv Für Begriffsgeschichte, 11: 81-89. Koselleck, R., Innerarity, D., & Palti, E. (2013). Los estratos del tiempo: estudios sobre la historia. Barcelona (España): Ediciones Paidós. León-Portilla, M. (1993). La filosofía náhuatl: estudiada en sus fuentes con un nuevo apéndice (7a. ed). México: Universidad Nacional Autónoma de México.

RkJQdWJsaXNoZXIy MTY4MjU3