• 12 13 • a reinventarnos constantemente y a discernir cada paso dado en el trayecto. El gran riesgo es querer adecuarnos a los ritmos acelerados de nuestra época sacrificando los necesarios espacios de pausa, reflexión, recogimiento y discernimiento. La Universidad de hoy debe navegar estas aguas complejas con sagacidad y valentía, pero también con prudencia y cautela. Lo que permanece incuestionable es la certeza de que debemos responder a los clamores del mundo desde una voz sensible, compasiva, crítica y llena de esperanza. Este primer año de rectorado ha significado un enorme desafío, lleno de dilemas y decisiones complejas de cara al futuro, pero también lleno de alegrías y éxitos que confirman la pertinencia del camino andado y de las decisiones tomadas. Hoy podemos confirmar que la calidad académica y la pertinencia social de nuestros programas educativos son signo real de esperanza, que nuestras y nuestros egresados ejercen un liderazgo innovador en el mundo profesional y una ciudadanía ejemplar para el bien de nuestra sociedad, y que nuestra institución ha enfrentado con valentía y sabiduría los nuevos signos de los tiempos que exigen de una continua reinvención de las instituciones universitarias. El camino apenas empieza, y no tengo dudas de que vendrán innumerables retos y desafíos a futuro, pero me llena de esperanza contemplar que quienes han sostenido con firmeza la misión institucional somos todas y todos quienes integramos la comunidad universitaria. La esperanza, esa que de acuerdo con el papa Francisco se organiza con la cabeza, el corazón y las manos, precisa de un último elemento que me permito añadir: la fraternidad. Es en la convivencia cotidiana y en el encuentro con el otro donde la vida cobra sentido. La verdadera alegría contracultural de nuestra fe está en el compartir, así sea alrededor de una mesa, dentro de un aula, en un Agradecimiento Ya termino, no sin antes reiterar mi más sentido agradecimiento a todas y todos ustedes, integrantes de la comunidad universitaria, autoridades gubernamentales, instituciones privadas, organizaciones de la sociedad civil, y tantas más personas que colaboran en y con nuestra casa de estudios para transformar la realidad. Necesitaríamos de muchas más horas para agradecer y reconocer por todos y cada uno de los frutos cosechados en el último año, pero para eso está el documento de este informe, el cual pueden consultar en su versión digital. Mientras tanto, sepan que este acto es en gratitud plena hacia ustedes, pues su colaboración y participación diaria hacen que la IBERO Puebla se sostenga como una buena noticia en nuestra sociedad, portavoz de justicia y testimonio de esperanza. A las y los estudiantes, docentes, colaboradores, autoridades universitarias, comunidad jesuita, a mi equipo de directoras y directores, colegas de otras instituciones, y especialmente a mi tan querida familia, gracias infinitas por acompañarme en este primer año de trabajo al frente de la Universidad Iberoamericana Puebla. De cara al arranque de mi segundo año como Rector, renuevo mis votos de compromiso pleno para que esta Universidad siga cumpliendo a cabalidad con su misión educativa y con su labor profética; siempre a la mayor gloria de Dios. Muchas gracias. trayecto de campo, codo a codo en las calles o en un auditorio como este. Compartir la vida, los éxitos y los desafíos nutre nuestro propio espíritu y lo alienta para encaminarse a cumplir con la voluntad de Dios. Así, no hay mayor esperanza que la que se recoge cada día en el formar parte de una comunidad tan viva como la de la IBERO Puebla, comunidad que desde el primer minuto me ha abierto las puertas con profundo cariño, y a la que debo todos y cada uno de los logros cosechados. Sigamos con el mismo ímpetu de colaboración para ser, como refirió el papa León XIV en su encíclica Magnifica Humanitas, artesanos de una educación comprometida con la libertad, la justicia, la paz y la dignidad de todas las personas. Hoy podemos confirmar que la calidad académica y la pertinencia social de nuestros programas educativos son signo real de esperanza, que nuestras y nuestros egresados ejercen un liderazgo innovador en el mundo profesional y una ciudadanía ejemplar para el bien de nuestra sociedad Sigamos con el mismo ímpetu de colaboración para ser artesanos de la educación, como refirió el papa León XIV en su encíclica Magnifica Humanitas, artesanos de una educación comprometida con la libertad, la justicia, la paz y la dignidad de todas las personas.
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