Rúbricas 12

10 Desde la perspectiva socioconstructivista, el cine se puede transformar en un agente mediador en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Cuando una manifestación cultural se convierte en un fenómeno masivo y de amplia cobertura social suele adquirir características de homologación y mecanización, propiciando desinformación, superficialidad en la forma de abordar diversas temáticas y pasividad acrítica ante situaciones en las que se supondría una aportación activa del sujeto; rasgos que son un estorbo no sólo para la difusión de la cultura, sino para la formación integral de sujetos socialmente participativos y no alienados. El cine, desafortunadamente, ha sido considerado no sin motivos de peso, junto a otros medios de comunicación masiva, un agente nocivo para el cometido de la educación, sobre todo en niveles medio y superior. Desde el marco teórico que el constructivismo ha legado a las teorías de enseñanza-aprendizaje, creemos que se pueden arrojar algunas ideas que modifiquen esta situación y que permitan ver en el cine, no un estorbo o un instrumento más para la alienación, sino un agente de mediación para los procesos de enseñanza-aprendizaje. Gracias a una de las vertientes del constructivismo, es posible hoy pensar sujetos activos en cualquier manifestación artística que implique o pueda implicar un proceso de enseñanza-aprendizaje. En ese sentido, este trabajo está ligado con la teoría de la recepción o teoría de la asimilación, que apunta al papel primordial y activo que juega el espectador en la producción de sentido y en la construcción de conocimientos. El enfoque que aquí cobra interés es el que propone el constructivismo de orientación sociocultural, también llamado socio-constructivismo o constructivismo social, y que es deuda de los planteamientos de Vygotsky. Esto es porque consideramos que la experiencia cinematográfica además de ser un fenómeno social y altamente regulador de sociabilidad también es una práctica que en nuestros días ha caído en una trivialidad y un egoísmo poco fértiles en cuestión de aprendizaje y de relación interpersonal. El cine puede ser además de una fuente de conocimiento y aprendizaje, un medio para armonizar y cuestionar los principios que como sociedad nos hacen existir. La función social del cine ha devenido desgraciadamente en un espectáculo de masas donde los espectadores son altamente pasivos. Aquí, espectáculo debe ser entendido como aquel “rito social consistente en una congregación humana orientada hacia un acontecimiento predominantemente visual” (Metz, 2002: 210). Rito social óptico que corre el riesgo de ser justificado sólo en sí mismo, en una gratuidad carente de metas o fines (como el propio desarrollo de los sujetos) y que además se concentre precisamente sólo en lo visual, dejando de lado los procesos mediante los cuales una experiencia cobra sentido en el sujeto. Ya Edgar Morin (1972) hacía notar el inconveniente de asimilar únicamente el cine como un fenómeno espectacular, en El cine o el hombre imaginario apuntaba que la experiencia cinematográfica entendida sólo como espectáculo, implicaba que el cine no fuera prácticamente vivido; es decir, se evitaba y se mutilaba la consecuencia práctica de la participación, haciendo de los sujetos un público pasivo sin riesgos ni compromisos. Si tomamos en cuenta la “participación cinematográfica” de la que habla Morin, podemos constatar la importancia del uso de un planteamiento como el de Vygotsky que, si bien tiene ingredientes marxistas, no se reduce a una concepción epistemológica dogmática sino que, por el contrario, reivindica el papel del sujeto frente a los procesos de aprendizaje y enseñanza. El cine es un placer individual (no hay que olvidar que estamos solos en la butaca), pero tiene al mismo tiempo una importancia capital para las prácticas socioculturales, es decir, en tanto praxis (el cine construye imaginarios colectivos y puede modificarlos o incidir en ellos); esto quiere decir que constituye un fenómeno de repercusiones tanto en el plano personal como en el ámbito colectivo. Por eso la postura de Vygotsky es idónea para abordar la significación y la cognición en el cine, pues en sus teorías atribuye un papel igualmente importante a los factores individuales y los factores sociales. ¿Qué significa un enfoque vygotskyano? Suelen incluirse en un solo panorama las ideas de Vygotsky, las de Luria y las de Leóntiev, así como las de sus colegas y discípulos. A pesar de constituir todos ellos una escuela soviética, tienen diferencias entre sí que aquí no es momento de explicar. Por el contrario, la intersección de sus pensamientos en puntos comunes es lo que interesa resaltar para identificar las características Un Cine Épico y Didáctico. La mayoría de las películas latinas posee apenas algunos rasgos de esta escuela Épico-Didáctica, pero las experiencias van todas en esta dirección. Didáctica es información. Y épica, revolución. Glauber Rocha

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