13 UNIVERSIDAD IBEROAMERICANA PUEBLA V. Despedida Ya termino, no sin agradecer de nuevo a Dios por la gracia recibida de servir desde la IBERO Puebla en la misión educativa de la Compañía de Jesús. He vivido como un privilegio trabajar con ustedes. Juntas y juntos atravesamos seis años llenos de desafíos, varios de ellos inesperados y de enorme calado. Hoy creo que es legítimo sentirnos consolados por los frutos que hemos ayudado a cultivar. Me llevo en el corazón y en la memoria sus enseñanzas, su cariño y el ejemplo de su generosidad. A pesar de ser una de las ocupaciones más añejas, que han configurado el camino y el sentido mismo de eso que hasta hoy llamamos “lo humano”, la educación sigue siendo un hecho misterioso y complejo, siempre abierto a lo indeterminado, a lo que nos trasciende como personas. Por ello, no basta asumirla como un mero trabajo, sino como una vocación, como una situación privilegiada de encuentro con lo sagrado, que mueve nuestro corazón, nuestra mente y nuestras manos. Tal como lo expresaba el padre Arrupe, SJ en aquella entrañable formulación: Aquello de lo que te enamoras atrapa tu imaginación, y acaba por ir dejando su huella en todo. Será lo que decida qué es lo que te saca de la cama en la mañana, qué haces con tus atardeceres, en qué empleas tus fines de semana, lo que lees, lo que conoces, lo que rompe tu corazón, y lo que te sobrecoge de alegría y gratitud. ¡Enamórate! ¡Permanece en el amor! Todo será de otra manera. Concluyo como lo hice en mi primera intervención, el 6 de mayo de 2019, dirigiéndome especialmente a las y los jóvenes que confían en nosotros y apuestan por nuestro proyecto educativo. A ellas y ellos les repito que la IBERO Puebla se siente orgullosa por dedicar sus esfuerzos para ayudarles a formarse como personas íntegras y como agentes de cambio. Sabemos que les ha correspondido recibir el mundo en un moLa educación sigue siendo un hecho misterioso y complejo, siempre abierto a lo indeterminado, a lo que nos trasciende como personas. Por ello, no basta asumirla como un mero trabajo, sino como una vocación, como una situación privilegiada de encuentro con lo sagrado, que mueve nuestro corazón, nuestra mente. y nuestras manos.
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