Rúbricas 16

63 Rúbricas XV Humanidades digitales Abstract Inthebeginnings the Internetwasa technology that advocated a grid of exchange and mutual commitment. However, it soon replicated individualistic dynamics and advantageous forms of power at the expense of users. Overlooking thismeans running the risk of a dangerous institutionalization of the network of networks, the last space to be recovered in the face of the voracity of an economic system programmed even in the algorithms that decide for us. In the face of such a siege, howcanwemaintain the combative spirit inherited from us by the artistic collectives of the late 20th century, inspired, in turn, by the preceding disruption of the European avant-garde? Collective writing allows us to think of literature as a political act, to recognize our differences and to regroup through new bonds always with and in front of the other. As did the Luther Blissett Project, a collective of Italian writers who, organized under a common name, resisted the hegemony of the media in the last century. | Keywords: Luther Blissett, community, media, social networking, collective writing. Diego Casas Fernández Nació en Puebla, en 1992. Autor del libro de ensayos Punto ciego, editado por Ediciones de Punto de Partida y la Dirección de Literatura unam. Egresado de la Licenciatura en Lingüística y Literatura hispánica de la Facultad de Filosofía y Letras de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Actualmente estudia la Maestría en Literatura Aplicada por la Universidad Iberoamericana Puebla, así como la Diplomatura en Corporeidad y Tecnonarrativas por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (uba) y la Scholem de Buenos Aires. Ha sido beneficiario del pecda en dos ocasiones (20142015 y 2019-2020). En 2018 cursó el Diplomado en Creación Literaria organizado por el Instituto Nacional de Bellas Artes y la Secretaría de Cultura y Turismo de Puebla. Tres años antes, en 2015, obtuvo el Primer Premio de Ensayo en el concurso 46 de la revista Punto de Partida, y fue incluido en la antología Nueve ensayistas (1985-1995), editada por esa revista. Algunos de sus ensayos han sido grabados como podcasts para la plataforma Descarga Cultura unam. Ha colaborado en algunas revistas como Punto en línea, Tierra Adentro y Temporales. Todas las razones están reunidas, pero no son las razones las que hacen las revoluciones; son los cuerpos. Y los cuerpos están delante de las pantallas. Ahora, El Comité Invisible Hacia mediados del siglo XX se materializó en el arte el ideal de trabajo comunitario. Ya las vanguardias de principios de siglo habían asentado las bases para repensar la condición política del arte y, con ello, remover las aguas del canon artístico. Más que estilos, surgieron entoncesmétodos, estrategias y procedimientos que terminarían por refrescar el arte en busca de nuevas formas. El foco de atención se pondría, a la larga, en el proceso y no tanto en el resultado como obra. De esta exploración abreva la literatura de corte experimental, distinguida por los juegos pirotécnicos con el lenguaje como materia prima. Esto favoreció el diálogo entre escritores y artistas alrededor del mundo. Su deseo era tender lazos dentro de un circuito abierto a la comunicación y al intercambio de su trabajo. Esta interacción a distancia perfiló a cada participante dentro de un marco de acción comunitario. Surgieron por entonces algunos nombres colectivos como el de Rrose Sélavy, creado por Marcel Duchamp y Robert Desnos, pero no fue sino hasta 1994 cuando la escritura a varias manos se revelaría como una forma de activismo político: Luther Blissett Project (lbp). Sin razón aparente, lpb –conformado por cinco escritores italianos– adoptó el nombre de un futbolista jamaiquino homónimo, víctima de racismo y xenofobia durante su etapa como delantero en el equipo italiano de fútbol AC Milán. Al enterarse, el jugador declaró lo siguiente en una entrevista en vivo: “Cualquiera puede ser Luther Blissett sencillamente adoptando el nombre de Luther Blissett”. Este gesto representaría, sin proponérselo, los ideales políticos y estéticos del colectivo. Es cierto que en los años ochenta en México, un conjunto de escritoras y escritores nacionales –entre los que destacanVicente Leñero, Silvia Molina, Aline Petterson y Guillermo Samperio–

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