Rúbricas 16

112 el agua del río recorrió trémula mi cuerpo. La luna atestiguó mi transformación, salí de la crisálida ya mariposa.” Embelesado como estaba ante esas líneas, no me percaté de la llegada de la anciana, sino hasta que su mano se posó en mi espalda. Me sentí apenado al verme descubierto, en ese momento me hubiera gustado ser una bolita más de papel y enterrarme perdiéndome entre las demás. Ni un solo reproche de parte de ella –que bienmerecido me lo tenía, y bien que sí–. –Este es mi huerto –sonó su voz como si procediera de alguno o de todos los papelitos ahí enterrados, entremezclada con el aroma de esa tierra húmeda; o quizás, como un último eco de la luz del sol que ya se ocultaba lejana. La profundamirada emanada de esos ojos negros infundió enmí una seguridad que eclipsó la vergüenza inicial; lejos de disculparme me escuché decir: –Si esas palabras, las ahí escritas, no salieran del corazón, ¿cuál sería la otra fuente que les diera vida? –El deseo, la del deseo de sembrar palabras para cosechar sueños perennes –expresó sonriente–. Juraría, sin temor a equivocarme, que sus palabras sonreían al igual que ella al verse libres para contemplar la próxima luna de esa noche. Pero, sobre todo, de ser precisas en sus significados, nada de interpretaciones abiertas. Tomó mi mano y con un bolígrafo escribió en mi palma con letras que parecían delicadas alas de mariposas posándose en una flor. Yo sólo te ofrezco una sonrisa La que me regaló el espejo esta mañana Fresca, todavía chorreando gotas de rocío. –Québellaspalabras –fue loúnicoquepudedecir; nosemeocurriónadamás–. –Las palabras son como los bebés –comentó con un brillo muy especial en la mirada– –¿Cómo? –quise saber–. –Si las palabras y los bebés son deseados y amados, su espíritu rebosará de ese amor. De otra manera, sólo son palabras huecas. La miré sin saber comprender sus palabras. –Como muchos poemas escritos… por encargo –ejemplificó–. –¿Escritos?, ¿dónde? –pregunté, aunque creo que conocía la respuesta–. –En algunos libros de poesía–. Y añadió: –Cuántos de esos libros son leídos y por quiénes. Decenas, cientos y hasta miles de ejemplares esperan ansiosos hasta el aburrimiento en los anaqueles de las librerías o en las bibliotecas antes de que sus letras mueran, y uno a uno pasen a ser comida para las polillas. Me quedé sin palabras… ¿qué podía decir? –Esas palabras, esos poemas y pensamientos, ¿realmente hablan de amor o de sueñosyesperanzas, osimplementesonletrasporencargo, paraobtener tal ocual favor? –el rubor le tiñó lasmejillas ante esta frase, aunque estabanvacías de luz–. Vacío de luz, ja. Me imaginé llenar un vaso con una luz de color-sabor violeta. Una vez vacía la botella, correr hasta la tienda más cercana y pedir al tendero: por favor,¿me la puede llenar de luz? Y él responder: se me terminó la luz violeta, pero me queda la luz azul-sabor esperanza. ¿No hubiera sido mejor escribir lo siguiente?: pero, oscura, sin luz, o, con luz tenue; o…

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