Rúbricas 15

42 en las políticas públicas, incrementa la eficiencia micro y macroeconómica, junto con generar un conjunto de beneficios sociales y culturales que favorecen a toda la sociedad. La economía de solidaridad postula un nuevo tipo de desarrollo, alternativo, integral, a escala humana, sustentable, con énfasis en el desarrollo territorial (Castillo, 2008). En este sentido, los movimientos sociales de ES han tenido un avance exponencial en el siglo XXI. Como se ha mencionado, estos movimientos han surgido como una alternativa de gestión, producción, comercialización y consumo a la economía neoliberal —predominante desde la caída del socialismo real—, fomentando valores de equidad, sustentabilidad, solidaridad, autogestión, democracia, lucro limitado en pro de los integrantes de estos procesos y en beneficio de los territorios donde están insertos, retomando el trabajo asociativo y la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. De acuerdo con lo anterior, desde la década de los noventa la apropiación organizada de la ES en América Latina ha crecido, desde los movimientos sociales surgidos sobre todo en ámbitos rurales y, posteriormente, con el acercamiento teórico que reflexiona y analiza las distintas experiencias de la economía social y solidaria (ESS) de acuerdo con las condiciones estructurales de su territorio. Es en el Foro Social Mundial del año 2000 donde se recuperaron las experiencias exitosas de ESS con el fin de socializarlas e impulsarlas como alternativas viables en la resistencia y propuesta a los efectos negativos de las políticas neoliberales, como respuesta al reto de proveer una globalización alternativa con realidades nacionales y locales. Es así como estas alternativas empezaron a replicarse en distintos foros regionales como marcos de acción colectiva hacia propuestas de cambio social factible (Cadena, 2005). Posteriormente, pudimos observar que el Movimiento Social Mesoamericano que resistió desde el inicio del siglo XXI al Plan Puebla-Panamá y después Proyecto Mesoamérica, adoptó en el foro de 2002 en Managua, Nicaragua, la alternativa de crear y replicar economías populares basadas en la solidaridad. En el Foro de Managua se establecieron mesas de trabajo que tuvieron como ejes discutir sobre la vulneración de los derechos sociales y económicos, la necesidad de generar alternativas para recuperar la soberanía alimentaria y rescatar los valores culturales de los pueblos originarios de Mesoamérica. Después de tres días de discusión, en la mesa de derechos económicos y sociales, pudimos presenciar cómo se fue articulando una propuesta integral que abarcara los principales ejes de discusión planteados en las mesas del foro. De tal suerte, a partir de la experiencia emanada de la implementación de procesos de economía social y solidaria, y conforme a lo aprendido de los foros sociales mundiales, se llegó a la conclusión en la plenaria del Foro de Managua de que la economía social podría articular las demandas generadas desde los derechos sociales y económicos, la soberanía alimentaria y el rescate cultural, si se ponía énfasis en la solidaridad como marco de acción colectiva que lograra articular dichas demandas. En México, los movimientos de ES se expandieron, sobre todo a partir de la implementación de planes y programas regionales de desarrollo neoliberal, concretamente del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y, como se ha mencionado, con el Plan Puebla-Panamá (PPP), después Proyecto Mesoamérica. Entonces, observamos el surgimiento de los movimientos de ES como acciones colectivas de resistencia a la implementación de estos mecanismos. Por lo anterior, al movimiento de ES lo integran organizaciones de la sociedad civil, cooperativas, mutuales, asociaciones y fundaciones, entre otras formas asociativas; constituyéndose en los principales instrumentos que la caracterizan. Sus actividades no pertenecen al sector público ni a la actividad privada tradicional que tiene como único fin o motor de impulsión el lucro y la maximización del beneficio en términos financieros. En las zonas rurales hablamos de uso y manejo sustentable de los cultivos, de la base de bienes naturales y su comercialización, y de la defensa y valoración del capital natural, cultural y patrimonial. Se trata, pues, de generar y reproducir el capital social fomentando la participación comunitaria y la autogestión económica de las comunidades rurales y marginadas, teniendo al campesinado/trabajador rural/desempleado como el principal actor y beneficiario en aras de trascender el actual modelo económico agroexportador, para apostar a una estrategia de desarrollo territorial sustentada en la construcción del poder desde las bases locales. Algunas experiencias de ES en México son: la Red ECOSOL, la Red Mexicana de Tianguis y Mercados Orgánicos, la Cooperativa Tosepan Titataniske, la Unión de Comunidades Indígenas de la Región de Istmo (UCIRI), Servicios de Promoción Integral Comunitaria Juvenil, Comunidades Zapatistas Caracoles en las Juntas de Buen Gobierno, Red Mexicana de Mercados Comunitarios, Agro mercados, Alternativas-Grupo Quali, Tosepan Pankizaske, Yomol A´tel, TRADOC, entre otros. De acuerdo con lo anterior, puede observarse el potencial de los movimientos de ES como laboratorios que coadyuvan en la pacificación de zonas de violencia.

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