Multiplicación del trabajo y nuevos retos para la justicia social
108 ralización de los viajes al extranjero, y aceptación de relaciones laborales salariales). Como resultado no sólo han aparecido núcleos de una nueva burguesía, sino que se ha ido socializando una cultura más bien propia de las elites globales, sobre todo en la juventud. Hoy existen diferencias inter e intraterritoriales, espacios opacos y luminosos que muestran necesariamente la presencia de asimetrías sociales. Estas desigualdades constituyen un hecho que puede constatarse en la mayoría de las escuelas, especial - mente en los tres primeros niveles de enseñanza. Las nuevas modalidades de trabajo privado han abierto la posibilidad de mejores ingresos a las familias que se han acogido a ellas. Esto ha conllevado a la creación de diferentes niveles de acceso, ya no a los servicios básicos del Estado de los que todos pueden beneficiarse, sino a otro tipo de opciones que, en ocasiones, implican posicionarse en un estatus social. Esto ha creado diferenciaciones sociales cada vez más marcadas y visibilizadas en la cultura y la esfera pública, lo cual afecta la lógica equitativa con la que se ha planteado el proyecto educativo cubano desde 1959. Se puede concluir en cuanto a la justicia social, que el ámbito laboral y pedagógico de las modalidades educativas en Cuba vive un balance entre creación de elites sociales y socialización de nuevas oportunidades, métodos y contenidos. Hay diferencias entre proyectos privados que promueven la diferenciación educativa de las clases sociales, dándole nuevas oportunidades a la pequeña burguesía emergente, y los que facilitan el acceso a mejores niveles de calidad a población de escasos recursos. En el segundo caso, también se encuentra el tercer sector (público no–estatal), que incluye institucio - nes y proyectos especialmente preocupados por la equidad y justicia social. Violencia y diálogo social En cuanto a la presencia de violencia en el ambiente laboral del sector de la educación, procede mencionar que en Cuba, en general se perciben los espacios escolares como “seguros” en cuanto a la violencia directa o física. Por todo ello, resulta necesario centrarnos acá en la violencia estructural y simbólica. Los/as informantes señalan como una violencia estructural el nivel de verticalización de los planes escolares de estudio y del ejercicio de la autoridad en todos los niveles educativos, la ideologización de la información en la gobernabilidad, y la masividad en los procesos de ingreso a planes especializados de estudio, que frecuentemente im - pide el desarrollo personalizado. Se puede plantear que, en rigor, la violencia política “convencional” (asesinatos políticos, desapariciones forzadas, “falsos positivos”) es un fenómeno ausente totalmente de Cuba y, por ello, no afecta las condiciones de tra - bajo en el ámbito educativo. La realidad educativa es, por lo tanto, un ámbito propicio para la violencia política “no–convencional”, es decir, basada en factores principal - mente estructurales y simbólicos. En ámbitos de la educación estatal, esa violencia se muestra en lo estructural y simbólico a través del control ideológico en el acceso a las dialvys rodríguez hernández/dmitri prieto samsónov
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